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théorie politique

Agustin Guillamon, revolucion rusa, II

Publié le 6 Avril 2017 par Guillamon in Histoire

DE FEBRERO A OCTUBRE DE 1917

 

El Gobierno Provisional

El poder de la calle, el poder real, lo detentaban los soviets, pero no tenían intención alguna de hacerse con el gobierno y asumir todo el poder. Así se planteó lo que Trotsky calificó como “la paradoja de Febrero”, esto es, que una revolución que había ganado las calles dio paso a un gobierno constituido en los salones. Del pacto del Soviet de Petrogrado con la Duma surgió un gobierno provisional republicano, que estaba formado mayoritariamente por cadetes (KD, Partido constitucional democrático) y algunos representantes de los eseristas (SR, Partido socialista revolucionario) de derecha, como Kerenski. La composición social del nuevo gobierno había pasado de la nobleza a la burguesía liberal.

Los soviets habían puesto en libertad a los presos políticos y organizado los abastecimientos. También habían disuelto a la policía política zarista, legalizado a los sindicatos, organizado a los regimientos adictos a los soviets, etcétera, sin esperar ningún decreto. El Gobierno se limitó a ratificar las decisiones tomadas por los soviets, que no habían tomado directamente el poder porque existía una mayoría de mencheviques y eseristas que “no consideraban en absoluto la posibilidad de exigir un poder que la clase obrera aún no está capacitada para ejercer” (Broué, El partido bolchevique, p. 114), de acuerdo con los análisis previos de esos partidos sobre la naturaleza del proceso revolucionario ruso.

Los bolcheviques, dirigidos por Kamenev y Stalin, apoyaban estos dogmas. En el órgano bolchevique Pravda se produjo un giro radical cuando, a mediados de marzo, Stalin tomó la dirección del periódico, puesto que empezaron a publicarse numerosos artículos que defendían la idea de continuar la guerra: “Los bolcheviques adoptan en lo sucesivo la tesis de los mencheviques según la cual es preciso que los revolucionarios rusos prosigan la guerra para defender sus recientes conquistas democráticas frente al imperialismo alemán” (Broué, p. 115). En la Conferencia del 1 de abril, los bolcheviques aprobaron la propuesta de Stalin de “apoyar al Gobierno Provisional”, así como la posibilidad de una fusión entre bolcheviques y mencheviques (Carr, tomo 1, pp. 92-93).

Estas posiciones políticas chocaban con la voluntad popular, que exigía el fin inmediato de la guerra y de sus penalidades. Las declaraciones del ministro de exteriores Miliukov de respetar los compromisos bélicos con los aliados y continuar la guerra hasta la victoria final, provocaron el 20 y 21 de abril algaradas y manifestaciones, que desembocaron en una crisis de gobierno que se saldó con la dimisión de Miliukov y la constitución de un gobierno de coalición entre cadetes, eseristas y mencheviques, con amplia mayoría de estos dos últimos. Kerenski obtuvo el ministerio de Guerra. El nuevo gobierno fue muy bien visto por los aliados, que habían comprendido la relación de fuerzas existente en Rusia y deseaban un gobierno fuerte, capaz de mantener a Rusia en la guerra.

 

Las Tesis de Abril

Lenin, contrariado por lo que consideraba una política suicida y catastrófica del partido bolchevique, escribió en marzo desde Zurich las llamadas “Cartas desde Lejos”, en las que detallaba el programa bolchevique para pasar a la segunda fase de la revolución: transformar la guerra imperialista en guerra civil, ningún apoyo al Gobierno Provisional, neta diferenciación con los mencheviques, expropiación de los latifundios, armamento de los trabajadores para formar una milicia obrera y preparar de inmediato la revolución proletaria: todo el poder del Estado debía pasar a los Soviets.

Los bolcheviques del interior, que no aceptaban las novedosas posiciones del lejano Lenin, sólo publicaron la primera de las cuatro cartas. Lenin y el resto de exiliados revolucionarios rusos en Suiza examinaron todas las posibilidades existentes para regresar rápidamente a su país. Como los aliados les negaban los visados, aceptaron regresar a Rusia cruzando el territorio alemán. Las autoridades alemanas pensaban que los revolucionarios rusos conseguirían crear una situación caótica, que aceleraría la derrota rusa. Lenin y sus acompañantes atravesaron Alemania en un tren “sellado”. Más tarde, los enemigos de Lenin y de los bolcheviques utilizaron este episodio para acusarles de ser espías alemanes.

Lenin llegó el 3 de abril de 1917 a la estación de Finlandia, en Petrogrado. Sus posiciones, conocidas como Tesis de Abril, fueron incomprendidas y rechazadas por la mayoría de dirigentes bolcheviques. El día 7 las publicó en un breve artículo (“Las tareas del proletariado en la presente revolución”) en el que tácitamente abrazaba la teoría de la revolución permanente de Trotsky. Afirmaba que era imposible acabar con la guerra sin vencer antes al capitalismo, por lo que era necesario pasar “de la primera etapa de la revolución, que entregó el poder a la burguesía, dada la insuficiencia tanto de la organización como de la conciencia proletarias, a su segunda etapa, que ha de poner el poder en manos del proletariado y de los sectores más pobres del campesinado”. Afirmó además que los bolcheviques se ganarían a las masas “explicando pacientemente” su política: “No queremos que las masas nos crean sin más garantía que nuestra palabra. No somos charlatanes, queremos que sea la experiencia la que consiga que las masas salgan de su error”. La misión de los bolcheviques, señalaba, era la de estimular la iniciativa de las masas. De estas iniciativas había de surgir la experiencia que diera a los bolcheviques la mayoría en los soviets: entonces habría llegado el momento en que los soviets podrían tomar el poder e iniciar la construcción del socialismo. Las tesis de Lenin introdujeron de forma inesperada y brutal un rudo debate en el seno del partido bolchevique. Pravda se vio obligada a publicar una nota en la que Kamenev advertía que “tales tesis no representan sino la opinión particular de Lenin”. Lenin se apoyó en los cuadros obreros para enfrentarse a la dirección del partido. Poco a poco consiguió algunos adeptos, como Zinoniev y Bujarin, y la oposición frontal de otros, como Kamenev.

El 24 de abril se convocó una Conferencia Extraordinaria, presidida por Kamenev, quien con Ríkov, y otros dirigentes, defendían las posiciones que el mismo Lenin había planteado en 1906. Kamenev llegó a afirmar que “es prematuro afirmar que la democracia burguesa ha agotado todas sus posibilidades”. Lenin respondió que aquellas ideas eran antiguas fórmulas que los viejos bolcheviques “han aprendido ineptamente en lugar de analizar la originalidad de la nueva y apasionante realidad”, para finalizar recordando a Kamenev la célebre frase de Goethe: “Gris es la teoría, amigo mío, y verde el árbol de la vida”. Aunque salió vencedor en las tesis políticas fundamentales, su victoria no era total, ya que, de los nueve miembros de la dirección, cuatro eran contrarios a sus tesis.

Trotsky había llegado a Rusia el 5 de mayo, siendo inmediatamente invitado a entrar en la dirección del partido. El VI Congreso del partido bolchevique se inició el 26 de julio, sin la presencia de Lenin, que había pasado a la clandestinidad, ni la de Trotsky, detenido en las “jornadas de julio”. Fue un congreso de fusión de varias pequeñas organizaciones con el Partido bolchevique, que agrupaba ahora a ciento setenta mil militantes, de los que cuarenta mil eran de Petrogrado. La dirección elegida era fiel reflejo de la relación de fuerzas presentes: de los veintiún miembros, dieciséis pertenecían a la vieja fracción bolchevique. Lenin, Zinoviev y Trotsky fueron los más votados. El triunfo de las Tesis de Abril era, ahora, total. El camino de la insurrección ya estaba libre de obstáculos internos (Broué, pp.116-126).

Los bolcheviques habían arrebatado el programa de los eseristas de izquierda y de los anarquistas: “Todo el poder para los soviets”, con el único objetivo de dirigirlo.

 

De julio a octubre

La dualidad de poderes se deslizó rápidamente hacia un enfrentamiento social, sin más alternativa que la continuidad de la guerra, como defendían nobleza y burguesía, o la paz inmediata, exigida por las clases populares. Lenin había señalado en mayo que “el país estaba mil veces más a la izquierda que los mencheviques y cien veces más que los bolcheviques”. Soldados, obreros y campesinos estaban cada vez más radicalizados, porque sufrían directamente las consecuencias de la guerra.

Pero el Gobierno Provisional prosiguió su aventura bélica, cediendo a la presión de los aliados y al patriotismo ruso, ordenando una ofensiva, dirigida por Brusilov, que terminó en catástrofe militar y deserciones masivas. La orden de trasladar los destacamentos de Petrogrado al frente provocó una sublevación de los soldados, a la que se sumaron los obreros. Las manifestaciones populares del 3 y 4 de julio culminaron con la ocupación de Petrogrado por las masas, que exigían la destitución del gobierno, todo el poder a los soviets, la nacionalización de la tierra y la industria, el control obrero, pan y paz.

Los cadetes aprovecharon la crisis para dimitir y Kerenski asumió la presidencia de un gobierno formado ahora sólo por eseristas y mencheviques. Los bolcheviques, tras una campaña de propaganda contra el gobierno, en la que reclamaban todo el poder para los soviets, consideraron prematura la insurrección, aunque ésta se produjo en las principales ciudades y, sobre todo, en la capital, Petrogrado.

Los bolcheviques fueron desbordados y se mostraron incapaces de detener el movimiento insurreccional. Llegaron a ser abucheados. Tras diez días de movilizaciones la insurrección se extinguió, sin un claro vencedor. Ahora se aceptó el llamamiento de los bolcheviques para regresar al trabajo.

El Gobierno Provisional acusó a los bolcheviques de los incidentes, y a Lenin de ser un espía alemán, sacando a la luz la historia del tren sellado. Algunos regimientos neutrales se pasaron al bando gubernamental y muchos obreros, mencheviques y eseristas, estaban confusos ante las calumnias. En esta coyuntura, favorable al gobierno, se inició la represión contra los bolcheviques. Se prohibió su prensa, se asaltaron sus locales. Trotsky y Kamenev fueron detenidos. Lenin se exilió en Finlandia. Los cuadros bolcheviques pasaron a la clandestinidad.

Pero el fenómeno más importante se estaba produciendo en las zonas rurales. Los campesinos no sólo habían dejado de creer en las promesas de reforma de los socialistas en los distintos gobiernos provisionales, sino que influidos por el llamamiento de los bolcheviques a la acción directa y la ocupación de la tierra, generalizaron en todo el país la ocupación de fincas. Los cadetes regresaron al gobierno y exigieron duras medidas para restablecer el orden. Kerenski, sin embargo, fue incapaz de establecer el orden social y la disciplina militar. La represión de los cosacos en las zonas rurales aproximó irremisiblemente a campesinos y bolcheviques, porque éstos sostenían la consigna de “paz, pan y tierra”.

En agosto, Kerenski convocó una Conferencia Nacional, que agrupaba a fuerzas políticas, sociales, económicas y culturales de todo el país, con el fin de conseguir “un armisticio entre el capital y el trabajo” (Broué, p. 128). Los bolcheviques boicotearon la Conferencia, que fracasó sin remedio: sólo quedaba el golpe de estado militar.

Burguesía, nobleza, aliados y Estado Mayor promovieron un golpe de estado, que había de dirigir el general Kornilov, hasta entonces hombre de plena confianza de Kerenski. Kornilov se dirigió el 25 de agosto a Petrogrado, al mando de las tropas cosacas. Kerenski destituyó a Kornilov, aunque siguió manteniendo con él unas confusas negociaciones, mientras cadetes y mencheviques abandonaban el gobierno. Kerenski, caricatura de un nuevo zar, se marchó al frente como medio para esquivar los problemas. Mientras tanto, en un Petrogrado abandonado por el Gobierno Provisional, los soviets organizaron la defensa contra la amenaza de Kornilov. Los marineros de Kronstadt liberaron a los bolcheviques detenidos, Trotsky entre ellos, y el partido abandonó la clandestinidad. Sus cuadros y militantes consiguieron de inmediato una mayoría aplastante en la guarnición militar y en las fábricas.

Trotsky obtuvo de nuevo la presidencia del Soviet de Petrogrado y formó el Comité Militar Revolucionario, un órgano del Soviet que fusionaba las tropas con la recién creada Guardia Roja, compuesta por grupos de obreros armados. Kornilov y sus cosacos ni siquiera pudieron llegar a Petrogrado. Los ferroviarios se negaron a hacer circular los trenes que transportaban las tropas golpistas, o los llevaron a otros destinos. Los propios soldados se amotinaron en cuanto conocieron su misión.

El 3 de septiembre Kornilov desistía del golpe de estado y se entregaba al Gobierno. El intento golpista había invertido la situación a favor de los bolcheviques. Las asambleas de soldados arrestaban, y a veces ejecutaban, a los oficiales sospechosos de simpatizar con la kornilovada, y aprobaban resoluciones a favor del poder soviético y de la paz.

 

OCTUBRE

 

El 31 de agosto el Soviet de Petrogrado reclamaba todo el poder para los soviets, y el 9 de septiembre condenaba toda política de coalición con la burguesía. El 13 de septiembre Lenin envió dos cartas al Comité Central (CC) del Partido bolchevique en las que planteaba que las condiciones para la toma del poder ya habían madurado suficientemente. Pero la mayoría del CC, capitaneada por Zinoviev y Kamenev, se oponía aún a la definitiva insurrección proletaria. Creían que las condiciones seguían tan inmaduras como en julio.

Trotsky apoyaba la insurrección si se la hacía coincidir con el Congreso de los Soviets, que proyectaba reunirse a finales de octubre. Lenin sólo obtuvo el apoyo del joven Smilga, presidente del Soviet de Finlandia.

El 10 de octubre, Lenin, disfrazado con peluca y gorra, y afeitada la perilla, llegó a Petrogrado desde su exilio finlandés, con el fin de arrancar al CC, como sucedió por diez votos contra dos (Zinoviev y Kamenev), una resolución favorable a la insurrección, para la que se iniciaron inmediatamente los preparativos (Broué, pp. 126- 134; Figes, pp. 456-507).

La Revolución de Febrero de 1917 había derrocado al zar e instaurado las libertades democráticas y una república burguesa. Pero el proceso revolucionario ruso no se detuvo aquí y quiso llegar hasta el final, para arrebatar el poder a la burguesía e instaurar el poder obrero de los soviets. Los preparativos de la insurrección nunca fueron secretos para nadie. Kamenev y Zinoviev llegaron a denunciarlo en la prensa. El Comité Militar Revolucionario (CMR), encargado de la insurrección en Petrogrado, organizó toda la operación. Por otra parte, la insurrección de Octubre no se produjo en realidad por una decisión tomada por el CC del Partido bolchevique, sino como rechazo del Soviet a la orden del gobierno Kerensky de enviar al frente a dos tercios de la guarnición de Petrogrado.

El gobierno burgués pretendía, otra vez, alejar a las tropas revolucionarias de Petrogrado, y sustituirlas por batallones contrarrevolucionarios. Las Jornadas de Octubre empezaron sólo unas semanas después de la kornilovada, contra el nuevo intento de aplastar la revolución, obligando al proletariado a tomar medidas insurreccionales para defenderla. Las fuerzas con las que contaba el CMR no eran numerosas, pero sí absolutamente decisivas: la Guardia Roja, los marineros de la flota del Báltico, la guarnición de la ciudad y los barrios obreros. En la insurrección tomaron parte activa unos treinta mil hombres. No fue necesario el levantamiento de los barrios obreros, que permanecieron tranquilos; ni el asalto a los cuarteles militares, porque ya habían sido ganados para la revolución antes de la insurrección.

La fecha de la insurrección se fijó para la noche del 24, porque el 25 de octubre se reunía el Congreso de los Soviets. Esa noche se detuvo a toda la oficialidad que no reconociera la autoridad del CMR, se ocuparon las comisarías de policía, las imprentas, los puentes, los edificios oficiales, se establecieron controles en las calles más importantes, se adueñaron del banco estatal, de las estaciones ferroviarias, del telégrafo, de las centrales telefónica y eléctrica. En sólo trece horas Petrogrado estaba en manos de los soldados y obreros revolucionarios a las órdenes del Soviet.

A las 10 de la mañana del 25 sólo quedaba en poder del Gobierno su propia sede, el Palacio de Invierno, que estaba sitiado desde hacía días. Al anochecer del día 25 el crucero Aurora disparó una salva que daba la orden de asalto al Palacio de Invierno. Lenin quería anunciar a la asamblea del Congreso de los Soviets la caída del Gobierno Kerenski. Las tropas que defendían el Palacio resistieron hasta que se les dio la oportunidad de huir. Al final, el Palacio de Invierno se rindió en la madrugada del 26 de octubre, tras un asalto conjunto de marineros, soldados y obreros. El Gobierno Provisional, que se había reunido para organizar la resistencia en la capital, fue detenido; pero Kerenski huyó, en un coche requisado en la embajada norteamericana.

Entre el 28 de octubre y el 2 de noviembre la insurrección obrera triunfó también en Moscú, y tras dos o tres semanas se había extendido prácticamente a toda Rusia. Esa misma madrugada del 26 de octubre, el II Congreso de los Soviets, con una amplia mayoría bolchevique, eligió un gobierno revolucionario, compuesto mayoritariamente por bolcheviques y eseristas de izquierda, y aprobó los primeros decretos del nuevo gobierno. Lenin fue elegido presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo. Se decretó la paz, y se pactó un alto el fuego inmediato en todos los frentes. Trotsky, que había sido nombrado Comisario de Asuntos Exteriores, fue quien llevó el peso de las negociaciones con Alemania.

El 2 de diciembre se firmó el armisticio y el 4 de marzo de 1918 la paz, llamada de Brest-Litovsk, que provocó una agria polémica entre quienes querían firmar la paz a cualquier precio, como medio de defender el nuevo Estado soviético, y los que proponían extender la guerra revolucionaria a Europa, lo que estuvo a punto de provocar una escisión en el partido bolchevique. Ucrania quedaba abierta al saqueo de los austríacos y alemanes.

Se decretó la confiscación de los latifundios y la entrega de las tierras a los soviets campesinos, el control obrero de la industria y la nacionalización de la banca. Se reconocieron los derechos de las nacionalidades, incluyendo el derecho a la autodeterminación y la libertad de separarse. El nuevo gobierno soviético, que no fue reconocido por los aliados, tenía además en su contra la radical oposición de todo el espectro político restante, desde la extrema derecha zarista hasta los mencheviques. El estallido de una guerra civil, con intervención de las potencias extranjeras, fue inevitable sólo algunos meses más tarde.

 

El régimen bolchevique

Los bolcheviques se encontraron políticamente aislados. Los mencheviques seguían considerando que la toma del poder por un partido obrero era una locura, puesto que las “condiciones objetivas” impedían ir más allá de las tareas propias de una revolución burguesa: se trataba de desarrollar las libertades democráticas. Los eseristas de derecha oscilaban entre pedir a los bolcheviques un suicidio político, esto es, la expulsión de Lenin y Trotsky, o la confrontación armada. Los eseristas de izquierda se enfrentaron con los bolcheviques a causa de las discrepancias existentes sobre la cuestión de disolver, o no, la Asamblea Constituyente. En este Parlamento, elegido por sufragio universal, los bolcheviques eran una minoría. Los eseristas de izquierda estaban mal representados, porque el Partido Socialrevolucionario había designado a los candidatos antes de la anunciada escisión del ala izquierda, que era mayoritaria en las bases y en el campo. Ante la negativa de la Asamblea Constituyente a aprobar la Declaración de Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado (aprobada por los soviets), los bolcheviques la abandonaron, y a continuación, un destacamento de guardias rojos entró en el hemiciclo y dio por terminadas las sesiones. Era el fin de la democracia parlamentaria en Rusia. Se iniciaba una peligrosa confusión y entrelazamiento entre la burocracia del aparato estatal y los cuadros del partido bolchevique.

 

La guerra civil y el comunismo de guerra (1918-1921)

La guerra civil empezó con el levantamiento, en mayo de 1918, de la Legión Checoslovaca, formada por unos cincuenta mil soldados, con mandos franceses. Marcharon hacia el oeste, y en poco tiempo llegaron al Volga. El éxito de la operación decidió a los aliados a intervenir, con el objetivo de ahogar la revolución y restaurar el régimen zarista. En junio, tropas anglo-francesas desembarcaron en Murmansk y en Arkangel. En agosto, los aliados desembarcan cien mil hombres en Vladivostok, con el pretexto de ayudar a la Legión Checoslovaca. En el Sur el general zarista Denikin organizó un ejército de voluntarios con material y suministros británicos: había nacido la Guardia Blanca.

En septiembre, Trotsky, creador del Ejército Rojo, obtuvo el primer éxito soviético con la derrota de los checos y la reconquista de Kazán. En 1919 los franceses se apoderaron de Odesa y Crimea; los ingleses se adueñaron de los pozos petrolíferos del Cáucaso y el Don. El suelo ruso estaba ocupado además por tropas norteamericanas, polacas, alemanas, austríacas y serbias. La situación era desesperada. Se había consumado el plan de Clemenceau de cercar a los bolcheviques. Pero las disensiones entre los aliados y la nulidad política de los generales de la Guardia Blanca, incapaces de hacer concesiones de autonomía a las nacionalidades (cuestión que interesaba a los cosacos) y de tierra a los campesinos, para obtener su apoyo, permitieron que el Ejército Rojo resistiera durante los treinta meses que duró la guerra civil. Finalmente, la oleada revolucionaria que agitaba Europa y los éxitos militares de los rojos consiguieron la firma de un nuevo armisticio.

La guerra civil había dejado el país en ruinas. El comercio privado había desaparecido (Broué, pp. 163-170). Las medidas del llamado “comunismo de guerra” nacían pues de las propias necesidades de la guerra. Para alimentar a las ciudades sitiadas y al ejército se requisaban las cosechas. Los campesinos pobres fueron organizados contra los kulaks. No había ingresos fiscales, ya que la administración había desaparecido. La emisión descontrolada de papel moneda disparó la inflación. El hambre y las epidemias asolaron las ciudades, centro de la revolución. Los salarios se pagaban en especie. Los obreros industriales fueron desplazados a los frentes de batalla. El terror de la policía política hizo su inevitable aparición, con la fundación de la Checa en abril de 1918, cebándose especialmente en los mencheviques, eseristas y anarquistas: ya nada iba a ser igual. La producción industrial cayó en picado. La producción de acero y de hierro era mínima. Casi las tres cuartas partes de las vías férreas habían sido inutilizadas. La superficie cultivada se había reducido en una cuarta parte. Los kulaks sacrificaban el ganado y escondían sus cosechas para evitar su requisa.

En este contexto, se produjo la revuelta de Kronstadt, una base naval cercana a Petrogrado de gran tradición soviética y bolchevique. En marzo de1921, Trotsky asumió la represión del alzamiento de la marina de Kronstadt, que había sido durante la revolución de 1917, en palabras del propio Trotsky, “el orgullo y la gloria de la revolución”. Fue también en este mes, en el X Congreso del Partido, que prohibía la existencia de corrientes y tendencias en el seno del partido bolchevique, cuando Lenin propuso la “Nueva Política Económica” (NEP). Aparecieron numerosos focos de alzamiento campesino.

El partido decidió cambiar su política económica, pero la represión armada de amplios sectores de la población, indudablemente revolucionarios, constituyó un punto de inflexión contrarrevolucionaria irreversible de la revolución soviética. No en vano la aplastada Kronstadt se había sublevado en defensa del eslogan “soviets sin bolcheviques” (Brinton, pp.137-144; Mett pp.39-116).

Capítulo aparte merecería el anarquista ucraniano Makhno y la experiencia de las comunas de Ucrania desde 1918 hasta 1921, donde se implantaron con éxito medidas socio-económicas libertarias y los principios pedagógicos de Ferrer Guardia. El Ejército Negro ucraniano combatió al Ejército Blanco zarista en alianza con el Ejército Rojo bolchevique, constituyendo el Territorio Libre de Ucrania. Tras nueve meses de combates contra el Ejército Rojo, a fines de 1921 los anarquistas fueron derrotados y Makhno tuvo que exiliarse, mientras los bolcheviques entraban en las aldeas ucranianas provocando matanzas entre los campesinos, con el objetivo de exterminar el menor recuerdo y simpatía por la reciente experiencia libertaria.


 

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