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théorie politique

Los proletarios no tienen patria que defender: sólo tienen sus cadenas que perder y su piel que salvar de la monstruosidad del imperialismo capitalista

Publié le 14 Mars 2022 par  inter-rev.foroactivo.com (Espagne) traduction

Nous remercions chaleureusement le site inter-rev.foroactivo.com (Espagne) qui nous transmet sa traduction d'un  texte publié  déjà en français sur Pantopolis : https://inter-rev.foroactivo.com/t10892-texto-de-pb-pantopolis-los-proletarios-no-tienen-patria-que-defender-solo-tienen-sus-cadenas-que-perder-y-su-piel-que-salvar-de-la-monstruosidad-del-imperialismo-capitalista#89087

Nous incitons nos lecteurs hispanophones à s'y reporter aussi souvent que possible, compte tenu de l'actualité très mouvante des événements provoqués par  la monstrueuse guerre en Ukraine.

Pantopolis, 14 mars 2022.

Référence : 

INTER-REV. Internacionalismo - Revolución

Foro político-social internacionalista

Karl Wiener, 1932 : Kapitalismus.

Karl Wiener, 1932 : Kapitalismus.


En todas partes, de Pekín a Moscú, de Kiev a Berlín, de París a Washington
Los proletarios no tienen patria que defender: sólo tienen sus cadenas que perder y su piel que salvar ante la monstruosidad del imperialismo capitalista

La guerra relámpago de Rusia contra Ucrania, salvajemente aplastada por alfombras de bombas, la primera etapa de una expansión hacia lo desconocido, la amenaza esgrimida por el régimen de Putin de utilizar armas nucleares absolutas, la toma de las centrales nucleares ucranianas (y por tanto de su combustible) por parte del ejército ruso, e incluso su posible uso de armas químicas, tienen un significado histórico importante: es un salto cualitativo hacia una tercera guerra mundial. Sólo falta el asalto militar del capitalismo chino a Taiwán y a los territorios japoneses, vietnamitas, filipinos, etc. que reclama para que este peligro se haga realidad.
En todas partes, de Pekín a Moscú, de Kiev a Berlín, de París a Washington
Los proletarios no tienen patria que defender: sólo tienen sus cadenas que perder y su piel que salvar ante la monstruosidad del imperialismo capitalista

Los Leviathan-Behemoths desarrollados por el sistema capitalista global, privados y/o estatales, están escondidos en innumerables silos y están constantemente dando vueltas por los cielos y los mares las 24 horas del día. Según el Anuario 2021 del SIPRI, el número de ojivas nucleares enumeradas puede potencialmente vitrificar decenas de veces la superficie de la Tierra, una tierra ya martirizada diariamente por el propio capital (destrucción de tierras agrícolas útiles, desertificación, calentamiento global descontrolado, desaparición acelerada de la ecosfera biológica).
El recuento de armas nucleares a nivel mundial es un reflejo de pesadilla del sistema capitalista global: Rusia: 6.255 cabezas nucleares; EEUU: 5.550; China: 350; Francia: 290; Reino Unido: 225; Pakistán: 165; India: 156; Israel: 90; Corea del Norte: 45. Por no hablar de las llamadas bombas de neutrones "tácticas" de campo de batalla, listas para ser utilizadas en un conflicto "localizado"...

Los llamados conflictos localizados, denominados "guerra contra el terrorismo", como en Oriente Medio, ya han servido de banco de pruebas para el uso de estas nuevas tácticas de destrucción masiva.

Cada nueva guerra durante más de tres décadas ha sido un banco de pruebas para el desarrollo de dichas armas. Cada nueva guerra, llamada "humanitaria" o contra el "terrorismo" (Bosnia, Kosovo, Afganistán...) ha sido una oportunidad para probar nuevas armas de uranio empobrecido (DU) a niveles de potencia cada vez más altos. En la guerra de invasión lanzada contra Irak por la coalición anglo-estadounidense en 2003 (incluidos 48 "miembros honorables" de la ONU, entre ellos Ucrania...) con la complicidad de la llamada "comunidad internacional" (los Estados miembros de la ONU). Durante el conflicto iraquí, se utilizaron municiones de uranio empobrecido en una guerra nuclear miniaturizada que no se atrevió a decir su nombre.

Las bombas termobáricas, una de las más letales de estas armas -la última antes del uso de armas nucleares "tácticas"-, pueden destruir barrios urbanos enteros en un radio de 300 metros, con temperaturas en el punto de impacto que alcanzan los 3.000°C. Probablemente fueron utilizados por el ejército estadounidense en Vietnam desde principios de los años 70. El ejército estadounidense las utilizó durante la Guerra del Golfo, en Irak (1990-1991) y en Afganistán para aniquilar a combatientes de Al Qaeda y los talibanes escondidos en complejos subterráneos a finales de la década de 2010. El ejército ruso, por su parte, utilizó este tipo de armas para arrasar el 80% de Grozny, la capital de Chechenia, a finales de noviembre de 1999 o, más recientemente, en Siria, ciudades como Alepo e Idlib. Hoy Rusia está dispuesta a utilizarla masivamente, como ya ha hecho a gran escala en Chechenia y Siria.

El régimen de Putin, al igual que amenazó a Georgia en 2008, justifica de antemano el uso de armas químicas, prohibidas por la Convención sobre Armas Químicas (CAQ), en vigor desde 1997[1]. El régimen del hiperoligarca capitalista ruso acusa ahora a Ucrania de construir (con la ayuda de EEUU) laboratorios de armas químicas y bacteriológicas. Este es un pretexto perfecto para que Rusia utilice armas químicas en Ucrania. El ejército ruso ya está bien versado: durante el conflicto sirio, ayudó a Siria a instalar ántrax en las ojivas[2].

Cada día que pasa, el régimen capitalista -cualquiera que sea la etiqueta que utilice, desde "liberal" hasta "comunista" (China)- perpetra crímenes contra la humanidad a una escala nunca antes conocida.

Más que nunca, el fin del régimen criminal capitalista y de su perverso régimen de terror que amenaza a toda la humanidad, exige la aparición en todos los países de una revolución de las masas trabajadoras. Las huelgas de masas transfronterizas, la extensión internacional del movimiento, la aparición de consejos de obreros y soldados, la formación de núcleos políticos comunistas internacionalistas son los primeros pasos en el camino de la liberación -que será larga y dolorosa- de un régimen aletargado cuya existencia significa la destrucción permanente de la naturaleza y amenaza con la aniquilación de la humanidad y de toda la vida biológica sobre la tierra.

Pantopolis, 11 de marzo de 2022.


[1] Si bien el uso del agente nervioso Novitchok por parte de Rusia es bien conocido, no lo es tanto el hecho de que muchos países no hayan aplicado la Convención, en vigor desde 1997. El informe del SIPRI de 2021 afirma: "Estados Unidos sigue siendo el único Estado Parte poseedor declarado cuyas armas químicas aún no han sido destruidas, pero se espera que complete sus actividades de destrucción en el plazo previsto. Sin duda, dos años de pandemia y de cierre total de las fronteras han permitido a cualquier número de estados desarrollar tranquilamente sus armas químicas más letales.

[2] https://en.wikipedia.org/wiki/Syria_and_weapons_of_mass_destruction?oldid=53792674. Según un informe de la ONG Globalsecurity (2012), la mayor parte del arsenal químico y biológico de Siria fue suministrado por "importantes empresas de intermediación química con sede en los Países Bajos, Suiza, Francia, Austria y Alemania".
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ANEXO

[Extracto del folleto: Capitalismo, guerras y pandemias, mayo de 2020, ediciones moto proprio]


Armas biológicas y químicas en la era de la necrosis del capital

El uso de armas biológicas (bacterias y virus) es tan antiguo como la guerra. Los antiguos soldados reforzaban el poder destructivo de sus flechas sumergiéndolas en carne putrefacta o sangre corrupta, es decir, haciéndolas no sólo tóxicas sino también infecciosas. El Skythikon, la especialidad tóxica de los arqueros escitas, se componía tanto de venenos como de infectantes biológicos, cocidos a fuego lento en estiércol: esta mezcla no sólo causaba envenenamiento, sino también gangrena gaseosa, tétanos y otras infecciones devastadoras[1].

El primer uso de armas biológicas se produjo en los primeros tiempos de la expansión del capitalismo, durante una guerra comercial y colonial. Fue durante la Guerra de los Siete Años (1756-1763) cuando el general Jeffery Amherst, comandante en jefe de las tropas británicas en Norteamérica, utilizó la viruela. Escribió en julio de 1763, durante la Guerra de Pontiac, cuando la revuelta de los pueblos nativos estaba en pleno apogeo. El uso de armas biológicas formaba parte de un plan de "limpieza étnica", un auténtico genocidio antes de tiempo:

¿No podríamos encontrar una forma de propagar la viruela entre estas tribus indias descontentas? En esta ocasión, debemos utilizar todas las estratagemas a nuestro alcance para derrotarlos[2].

Y a este "interrogatorio" le sigue una rápida aplicación mediante mantas contaminadas con el virus de la viruela. Este buen trabajo le valió finalmente un puesto en la Cámara de los Lores de Su Gloriosa Majestad.

El pleno desarrollo del capitalismo y el enfrentamiento mortal de los imperialismos a escala mundial condujeron al estudio científico de todos los agentes biológicos susceptibles de ser "weaponizados", es decir, utilizados del mismo modo que un arma química (y nuclear desde 1945). Para maximizar su letalidad, un arma biológica debe cumplir varios criterios -los llamados criterios de Theodor Rosebury (1904-1976)-, a saber: contagio directo, dosis infectante mínima, vía de infección o intoxicación, duración de la incubación o de los primeros síntomas, supervivencia en el medio ambiente, facilidad de producción y almacenamiento, estabilidad de los productos almacenados, (posible) terapéutica[3]....

En el curso de los estudios realizados en el mayor secreto, los estrategas militares -Estados Unidos, el Reino Unido, Japón, la URSS, Francia, Italia, etc.- constataron los "efectos prodigiosos" de estas drogas. - Durante los estudios realizados en el mayor de los secretos, los estrategas militares de Estados Unidos, Reino Unido, Japón, la URSS, Francia, Italia, etc. constataron los "efectos prodigiosos" del bacilo del ántrax (Bacillus anthracis), que es estable en el medio ambiente y puede envasarse en forma de polvo o de aerosol, y que ya había sido utilizado durante la Primera Guerra Mundial[4]. Pero también el bacilo de la peste (Yersinia pestis), agente de la tularemia [enfermedad que se transmite al ser humano por contacto con animales infectados o a través de vectores (garrapatas)]. Los científicos de la muerte también señalaron las "maravillas" de los virus, muy interesantes por su tamaño microscópico: pueden atravesar los elementos filtrantes de los dispositivos de contención y los respiradores personales; no existe ningún tratamiento eficaz, aparte de la prevención mediante la vacunación.

Tal vez el "favorito" de los militares sea ahora el virus de la viruela -declarado erradicado por la OMS el 8 de mayo de 1980-, que puede reactivarse en el laboratorio y propagarse, sin que exista una vacuna para contrarrestarlo[5]. A esto se añaden los virus responsables de encefalitis (encefalitis transmitida por garrapatas, chikungunya, dengue, fiebre amarilla, encefalitis equina venezolana), transmitidos por artrópodos. Estos insectos, utilizados adecuadamente en programas militares (guerra entomológica)[6], pueden servir como transmisores biológicos de la peste, el cólera, etc.

Todos estos programas, llevados a cabo en laboratorios militares de alto secreto, preparan las guerras biológicas del futuro, que se asemejan a un auténtico genocidio. Utilizados "experimentalmente" en el pasado, han tenido efectos mortales, aunque sea a pequeña escala.

La Manchuria ocupada por el ejército imperial japonés (1932-1945) sirvió de banco de pruebas para esta guerra microbiana. El principal centro de investigación (Unidad 731), situado en Pingfan (provincia de Harbin), contaba con más de 150 edificios, cinco campamentos satélite y empleaba al menos a 3.000 científicos y técnicos. Estos científicos criminales probaron a gran escala los agentes del cólera, la peste y el ántrax en prisioneros de guerra chinos. Casi 3.000 prisioneros murieron con un dolor insoportable. Se llevaron a cabo 12 ataques biológicos en ciudades chinas, contaminando el agua potable y el suministro de alimentos con agentes de cólera, peste y ántrax. El número de muertos fue de varios miles.

Durante la guerra de Etiopía (1935-1936), Mussolini -además del gas que utilizó ampliamente contra la población y el ejército de Nega- estuvo a punto de experimentar con armas bacteriológicas. El mariscal Badoglio lo disuadió, no por "humanismo" sino por simple realismo estratégico.

Todos estos "experimentos", tras la derrota de Japón y el desmantelamiento de la Unidad 731, sirvieron de "modelo" para la "ingeniería bacteriológica" de la URSS y de EEUU.

Estados Unidos realizó sus investigaciones desde 1942 hasta finales de los años sesenta. Se probaron sustancias mortales en su población, especialmente en la población carcelaria y en los objetores de conciencia. Durante la Guerra de Corea (1950-1953), los bacilos del ántrax, la peste y el cólera se propagaron entre el enemigo norcoreano y chino. Se utilizaron moscas, pulgas, etc., pero también aerosoles. En este último caso, el ejército estadounidense roció desde el aire[7]. Como los resultados fueron dispares, y tras varios incidentes ("fugas" de bacilos y virus), los stocks de armas biológicas estadounidenses fueron destruidos (oficialmente) entre mayo de 1971 y febrero de 1973...

El capitalismo de Estado soviético -denominado "socialismo real" por su clase dirigente- no se quedó atrás en esta carrera armamentística biológica, desde Stalin hasta Gorbachov. La militarización de una docena de agentes patógenos entró en los programas de laboratorio: ántrax, tularemia, brucelosis, peste, encefalitis equina venezolana, tifus, fiebre Q [una zoonosis, una enfermedad transmisible de los animales vertebrados (bovinos, ovinos, caprinos) a los seres humanos] y la toxina botulínica producida por una bacteria. En 1973, unos meses después del establecimiento de un tratado internacional que prohíbe toda investigación sobre armas biológicas [BTWC, abierto a la firma el 10 de abril de 1972, entró en vigor en 1975], un decreto estatal estableció una entidad (Biopreparat = Preparación de Sustancias Biológicas), con 40 centros de investigación y sitios de producción de armas bacteriológicas. La fabricación de misiles, cohetes y bombas ad hoc encontraría su finalidad en la diseminación de agentes patógenos. Un programa que se detuvo oficialmente en 1992...

Estos programas también pueden dirigirse a la población de un Estado, donde la clase capitalista numéricamente dominante planea un genocidio racial masivo. En la Sudáfrica blanca del apartheid se puso en marcha un proyecto de alto secreto, dirigido en 1985 por el "Doctor Muerte" Wouter Basson. Su objetivo era la población negra, utilizando medios extremos: uso del ántrax, del virus del ébola, del sida, del cólera, esterilización masiva, uso de venenos químicos étnicamente selectivos[8].

El caso de Irak es un ejemplo de libro de texto de guerra QBRN contra "enemigos desde dentro" [9]. Equipado con un impresionante arsenal biológico, el Irak de Saddam Hussein se limitó a utilizar armas químicas contra los kurdos. Del 16 al 19 de marzo de 1988, sobre la ciudad kurda de Halabja, los cazabombarderos Mig (rusos) y Mirage (franceses) del ejército iraquí rociaron gases asesinos: gas mostaza, sarín y tabún. El número de muertos fue de 5.000. En particular, estas armas "fueron suministradas principalmente por empresas francesas, belgas y alemanas, cuyos ingenieros y químicos sabían exactamente lo que Saddam estaba haciendo... Durante años, Estados Unidos y sus aliados bloquearon las campañas internacionales para condenar a Saddam por su uso de gas mostaza y nervioso"[10].

Está claro que las principales potencias capitalistas (incluidas China y Rusia) no tienen intención de detener su programa de guerra biológica. Las fugas accidentales de agentes biológicos y/o químicos están bien documentadas. El de Dugway, Utah, en 1968, costó la vida a 6.000 ovejas. El de Sverdlovsk (Rusia soviética) en abril de 1969 fue mucho más grave. La epidemia se extendió al ganado hasta 50 km de distancia. El centro de investigación militar de las afueras de Ekaterimburgo (entonces Sverdlovsk) fue el centro de la fuga.

Estas "fugas" pueden ser deliberadas, causadas por múltiples formas de bioterrorismo, con la participación de sectas religiosas o extremistas, a veces de Estados que arman a grupos terroristas de forma encubierta.

Recordemos algunos hechos. En septiembre de 1984, la secta religiosa Rajneeshees, con sede en el condado de Wasco (Oregón), propagó la salmonela en ensaladas y verduras crudas servidas en restaurantes de The Dalles, lo que provocó 45 hospitalizaciones. El caso más conocido es el ataque con sarín perpetrado por la secta Aun en el metro de Tokio el 19 de marzo de 1995, que se cobró 5.500 víctimas (entre ellas 12 muertos). La secta de 50.000 personas, con un botín de mil millones de dólares, tenía un programa de investigación de armas biológicas avanzadas. La secta había adquirido y almacenado bacilos de ántrax y fiebre Q, así como toxina botulínica. Incluso trató de adquirir el virus del Ébola (el 90% del cual es mortal en los brotes)[11].

***

1. La propagación de microbios (bacterias y virus) se ve facilitada por la extrema concentración de la población mundial (el 50% de la población mundial vive en ciudades, a menudo en las peores condiciones sanitarias, en ciudades contaminadas donde las partículas finas favorecen la propagación de epidemias).

2. Los microbios, que siguen los caminos de la hipercomercialización y la hiperproducción de capital, proliferan como agentes patógenos con la muy repentina explosión demográfica (3.000 millones de seres humanos en 1960; 7.700 millones en 2020). Encuentran asientos libres en el transporte aéreo: en 2013, hubo tres mil millones de pasajeros en todas las rutas mundiales; en 2017, cuatro mil millones de pasajeros. Se mueven más lentamente pero igual de inexorablemente por el mar. La marina mercante, que transporta el 90% del comercio mundial, ha experimentado el auge de la globalización. El número de buques -incluidos los pasajeros, como los cruceros que ahora se han transformado en súper "Exodus"- pasó de unos 52.000 a 58.000 entre 2013 y 2018.

3. Para los grandes estados capitalistas (incluida China, por supuesto), la preparación y la entrada en guerra justifica todos los medios militares, incluido el uso de armas QBRN en un conflicto generalizado. El uso de armas biológicas, que se llevó a cabo a pequeña escala y de forma experimental (Manchuria, Guerra de Corea), puede convertirse en una realidad monstruosa si estalla un conflicto mundial. El bioterrorismo sería entonces llevado a cabo por las grandes potencias imperialistas, subcontratando sus operaciones a mercenarios.

El mejor agente de los virus más terribles no es el "Hombre" en sí, sino el propio Capital.




[1] Grmek (Mirko), "Ruses de guerre biologiques dans l'Antiquité", Revue des études grecques, volumen 92, número 436-437, enero-junio de 1979, p. 144.

[2] La Enciclopedia Canadiense, 21 de junio de 2019, artículo 'Jeffery Amherst, Primer Barón Amherst': www.thecanadianencyclopedia.ca/fr/article/amherst-jeffery-1er-baron-amherst

[3] Lepick & Binder, art. "Guerre biologique", en Dominique Lecourt, Dictionnaire de la pensée médicale, PUF, París, 2004.

[4] Los ejércitos alemán y francés utilizaron agentes de ántrax y muermo contra el ganado "enemigo" (ídem, p. 555).

[5] A esto se puede añadir el virus de la gripe española, cuyo ARN se encontró en 2002 en víctimas enterradas en el permafrost noruego. Una fuga involuntaria o deliberada de muestras almacenadas en uno o varios laboratorios podría provocar una pandemia de la magnitud de la de 1918-1919, o algo peor.

[6] Antes y durante la Segunda Guerra Mundial, Japón, Canadá, EE.UU. y Alemania se embarcaron en programas de vectores de insectos: pulgas, mosquitos y moscas picadoras portadoras de la peste y, en el caso de Alemania, escarabajos. La Guerra Fría hizo explotar la investigación en todos estos ámbitos, con Estados Unidos y la URSS a la cabeza. Un programa militar estadounidense, que utilizaba el "vector adecuado", estimó una tasa de mortalidad del 50% en caso de ataque a una ciudad, por el módico precio de 0,29 dólares (1976).
[7] Stephen Endicott y Edward Hagerman, The United States and Biological Warfare: Secrets from the Early Cold War and Korea, Indiana University Press, Bloomington, 1998. Véase también: Gordon Thomas, The CIA's Secret Weapons, New World, 2006.

[8] Ver: Tristan Mendès Francia, Dr. Muerte. Enquête sur un bioterrorisme d'État en Afrique du Sud, 2002; Chandré Gould, "Armes chimiques et biologiques: leçons d'Afrique du Sud", Politique étrangère, n° 1, 2005, p. 109-121.

[9] CBRN = guerra nuclear, radiológica, biológica o química.

[10] Barry Lando, "Saddam Hussein, un procès sous influence", Le Monde, 17 de octubre de 2005.

[11] Patrick Berche, A History of Microbes, John Libbey - Eurotext, 2007, p. 258.

http://pantopolis.over-blog.com/2022/03/kapitalismus-1932-karl-wiener-partout-de-pekin-a-moscou-de-kiev-a-berlin-de-paris-a-washington-les-proletaires-n-ont-aucune-patrie-a

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